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Entrevistamos a los ponentes del interesante Curso de Verano "Curar en la Selva"

2 de noviembre de 2022

"Debemos abordar las tradiciones indígenas sin permitir injerencias, pero siempre desde el respeto absoluto"

El Curso de Verano "Curar en la selva", impartido por tres experimentados médicos y misioneros que han pasado décadas en lugares alejados de la Amazonía ecuatoriana y peruana, suscitó un enorme interés entre el medio centenar de personas asistentes que lo siguieron tanto de forma presencial como online. Hemos aprovechado la presencia de tan insignes ponentes en UNED Tudela para charlar con ellos acerca de la temática que han abordado en sus conferencias y plantearles algunas de las cuestiones que quedaron pendientes por falta de tiempo...

En primer lugar hablamos con Miguel Ángel Cabodevilla, misionero y autor de numerosos libros y escritos científicos sobre la zona. En esta ocasión su conferencia ha versado sobre los bebedores de yajé. 

- Miguel Ángel, durante la conferencia del otro día nos habló sobre sus experiencias con los bebedores de yajé en la Amazonía ecuatoriana y nos describió esta figura como “perteneciente a un mundo puro, del que solo quedan unas piezas porque la llegada de la modernidad le despojó de todo sentido”. Desde hace años asistimos a una nueva moda que consiste en viajar a zonas indígenas para buscar el contacto con lo esencial utilizando para ello los “mismos” alucinógenos, en expediciones organizadas por personas que únicamente buscan su beneficio económico. Imagino que observa esta situación con tristeza, ¿qué les diría a estos viajeros para concienciarles de que su práctica no es tan pura como imaginan y que además potencia la desaparición de estas tradiciones?

 

Hay cosas que comienzan como drama, esto es, como acción significativa, y acaban en sainete cómico. En esas búsquedas actuales estamos en este último punto, más o menos.

El Bebedor era la figura más sabia de esas culturas amazónicas milenarias; una buena parte de los conocimientos del espíritu, que los pueblos habían atesorado durante siglos, confluían en él. Conocía tanto a las plantas como a los espíritus, era el guardián y narrador de su historia, curaba y aconsejaba a su comunidad, era su defensor ante los peligros más insidiosos. Al beber las plantas sagradas, él activaba todos esos conocimientos y experiencias poniéndolos al servicio de su grupo. El viaje shamánico no comenzaba en la ignorancia, no salía de la nada, sino que impulsaba una sabiduría duramente conquistada por el Bebedor. Sin esa lenta formación del saber no hay viaje al conocimiento; solo piruetas más o menos cómicas.

Ese mundo encantado ha desaparecido, apenas quedan residuos de él. Por tanto, los Bebedores no tienen mayor razón de ser. En todo caso son apenas simulacros de lo que fueron. Y los exóticos que van en su búsqueda… encontrarán una rápida manera de vomitar y alguna intoxicación en vez de conciencia. El conocimiento no se improvisa, no se adquiere apretando un botón, con muchos me gusta o tonteras de emojis.

 

- Usted ha sido testigo de numerosas ceremonias auténticas de yajé y plasmó su experiencia con Fernando Payaguaje en su libro “El bebedor de yajé”. ¿Cómo llega un misionero extranjero a obtener el permiso de los grandes jefes espirituales para poder participar en dichas ceremonias?, ¿cuál es la enseñanza más valiosa que extrajo a partir de estas experiencias?

 

Hay una puerta que ellos abren, si quieren: la amistad, la confianza. Un lenguaje universal.

Lo más valioso del rito me pareció siempre ese deseo, tan humano, de investigar la razón última de las cosas, de la vida. De no quedarse en la superficialidad, sino preguntarse el por qué el para qué… No era el camino científico de nuestra civilización, sino el suyo. Algunos de sus hallazgos me resultaron valiosos.

 

- Ha vivido durante décadas en la selva y cuenta con una extensa trayectoria de lucha por los derechos de las tierras indígenas que han sido expropiadas por los intereses petroleros. Conoce a fondo la cultura de distintas sociedades que pueblan la selva porque ha convivido con ellos e incluso ha luchado por ellos (administrativamente hablando) con tanta intensidad que se vio obligado a abandonar el país y continuar su lucha desde aquí. Ahora que reside de nuevo en nuestra sociedad, ¿cree que nos faltan valores profundos por los que luchar, o que nos permitan sentirnos realizados sin necesidad de recurrir a bienes materiales o a otros recursos “narcotizantes”?, ¿qué deberíamos aprender nosotros de los sionas, los secoyas o los quichuas?

 

No guardo una opinión idílica de esas culturas. Los sabios, la gente de valor, tampoco entre ellos me parecieron tan abundantes. Pero todos vivían en un ambiente que, a mi entender, ayuda a controlar uno de los apetitos más peligrosos de los humanos: las ansias de tener, poseer, dominar a los otros y a la misma naturaleza. La selva era tan poderosa y, de su lado, su técnica indígena tan precaria, que no les daba como para dominarla, así que tenían forzosamente que convivir a pie de igualdad. La selva los equiparaba también entre ellos, todos indefensos, incapaces de sobrevivir individualmente. La relación humano-naturaleza era casi como entre semejantes. Eso mantenía el mundo encantado a su alrededor. Nada que ver con el nuestro.

Personalmente pertenezco a la cultura occidental, a lo poco que he podido saber de esta cultura. Me parece magnífica en tantos hallazgos. Lo que más me preocupa en ella es su peligrosa, y parece que creciente, ruptura con la naturaleza, con el entorno. O, por el contrario, ese infantilismo ecologista que muchas veces me parece percibir en aquellos que, de verdad, nunca han vivido largo tiempo en la dureza de un mundo natural.

 

- Imagino que echará de menos su selva, aunque está inmerso en numerosos proyectos que requieren su ayuda y permanente contacto como el del Museo Arqueológico del MACCO. ¿Qué le queda por hacer?, ¿y qué podríamos aportar nosotros desde aquí?

 

La selva amazónica me pareció una naturaleza portentosa. La fuerza y, al mismo tiempo, fragilidad de aquel ambiente es fascinante. Y al hablar de ese “mundo” incluyo en él, como a su creador, a las culturas originarias. No olvidemos que no se trata de “selva virgen”, como solemos decir por pura ignorancia, sino de bosque humanizado. Son ellos los que lo forjaron y mantuvieron. Me parece una tragedia cultural que se permita desaparecer tantos conocimientos indígenas sin apenas intentos reales para protegerlos. Tal es la irritante y pervertida manera occidental de comprometernos: de ese mundo selvático nos interesa más el conocimiento farmacéutico de las plantas o la protección de las especies animales, que la vida e historia de esos pueblos indígenas admirables.

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A continuación entrevistamos a Manuel Amunárriz,  Médico, Biólogo y Misionero en la Amazonía ecuatoriana, que nos contó innumerables experiencias con los yachaks (jefes espirituales quechuas):

- Manuel, durante su conferencia nos ha acercado a la realidad que viven los médicos "occidentales" cuando llegan a la selva, en la cual deben convivir con las prácticas y ritos indígenas que muchas veces van en contra de lo que nos han enseñado en nuestra cultura. Ha insistido mucho en la necesidad de respetar sus creencias y ha citado algunas experiencias sorprendentes. Usted es médico y sacerdote y convivió durante muchos años con personas indígenas. Hoy, a sus 91 años, ya de regreso y con la objetividad que confiere el tiempo y la distancia, ¿qué enseñanza destacaría entre todas las que ha aprendido durante tantos años en la selva?

No es fácil responder a esta pregunta, porque lo que en realidad he experimentado no hace referencia a un aprendizaje que pueda definirse en conocimientos concretos sino en percepciones globales de la realidad. La percepción del mundo, de las personas, del universo en su totalidad se comienza a contemplar desde otras sensibilidades que han ido penetrando en el interior de la persona como resultado de experiencias que se han ido incorporando de manera semiinconsciente en esta etapa amazónica de mi vida. Creo que soy el mismo de siempre, aunque enriquecido con el nuevo mundo que me ha tocado vivir. Descubres otras maneras de vivir, de pensar, de sentir en las gentes con las que convives. Descubres valores profundos en personas que se han definido en los libros como seres primitivos; captas la alegría en la sencillez de sus vidas y afectos entrañables en sus relaciones familiares. Es un mundo vivo, en que se mezclan realidades positivas y situaciones propias de la fragilidad humana, en un clima y un ambiente diferente al que ha sido mi propio entorno cultural.   

Todo esto es ya una gran riqueza, que amplía tus horizontes al valorar cualquier realidad humana. Porque podría decirse que los ojos con los que miras toda la realidad han quedado enriquecidos con visiones diversas a las propias, no adquiridas en los libros o en conferencias escuchadas sino en un proceso profundo que se va realizando en lo profundo de tu conciencia. Vivir en la Amazonía durante 30 años, conviviendo con las familias indígenas de una amplia zona de la región y compartir con ellas sus sufrimientos y angustias me ha permitido incorporarme de manera profunda a su mundo íntimo y han enriquecido mi propio mundo emocional y mi capacidad de percibir la realidad humana.

Conocemos los aspectos que nos separan, pero seguro que hay puntos en común que nos unen: ¿Qué similitudes encuentra usted entre un líder espiritual como el yachac y un sacerdote católico?

En mi charla en la Universidad decía que los yachac que forman parte de las comunidades kichuas del Napo son, de alguna manera, “directores espirituales” de la comunidad. Quizás no sea la expresión más precisa: los habitantes de la comunidad acuden a ellos con frecuencia para resolver problemas que tienen relación con el mundo mágico en el que se desenvuelve su cultura nativa. En ocasiones, también ante problemas que afectan a relaciones sociales o familiares concretas. No creo que esta participación en la vida de la comunidad tenga relación con el aspecto específicamente religioso, sino con su mundo mágico y social.

La concepción de la enfermedad como consecuencia de la acción de una persona contra otra, deseándole que padezca un mal e introduciéndole en su interior dicho mal forma parte muy importante de la interpretación de la enfermedad en el mundo mágico amazónico. El yachac es aquel que puede diagnosticar quién ha sido el causante de este maleficio y en ocasiones tiene el poder de extraer del paciente ese mal. La acción del yachac al realizar este diagnóstico puede desencadenar odios dentro de la comunidad al atribuir a un miembro de la misma o de otra comunidad la enfermedad que padece esta persona. Algunos problemas graves en las relaciones humanas intracomunitarias tienen este origen.

Los yachac ejercen sabiduría y poder para ayudar y en ocasiones para dominar y someter a la comunidad. Con más frecuencia de la que se cree su acción comunitaria crea situaciones muy tensas y surgen, también en ocasiones, reacciones violentas contra esos mismos yachac. Yo he conocido la muerte violenta de tres yachac por su propia comunidad en tres de las comunas del río Napo.    

Es evidente que la interpretación de la enfermedad en la actualidad que ofrece la medicina occidental se aleja de este mundo mítico. Por otra parte el sacerdote católico no participa directamente en la interpretación mítica de la salud y enfermedad, aunque trata de crear dentro de las comunidades relaciones de fraternidad y de perdón, como mensaje esencial del mensaje evangélico.

- ¿Qué considera que deberíamos aprender nosotros de estas sociedades indígenas?

Puede comprobarse la organización comunitaria como un valor importante que permite crear una vida social notable entre las diversas familias que viven en la ribera del río Napo y sus grandes afluentes. Las mingas o trabajos comunitarios, de naturaleza periódica, ayudan a compartir vida y relaciones mutuas. Aunque es verdad que ésas quedan con frecuencia condicionadas por las costumbres de la ingestión del alcohol en dichas relaciones sociales. Creo que lo primero que debería aprender nuestra sociedad actual es el valor de la “comunidad”. También la capacidad de vivir la vida individual y familiar desde el contacto con la naturaleza y el disfrute en un mundo sin necesidades creadas por una sociedad volcada hacia la abundancia y el bienestar. Pero, al mismo tiempo, no debe idealizarse la vida amazónica como una vida idílica, pues las distancias y el aislamiento son el origen de situaciones de emergencia que son muy difíciles de solucionar.

 

- Sabemos que el desarrollo del Hospital Franklin Tello fue una odisea, ¿de qué logro se enorgullece más?

La obra del HFT se ha realizado poco a poco, casi sin tomar conciencia de su evolución a través del tiempo. Surgió en 1965, casi de la nada, y después de tantos años se mantiene en la actualidad con capacidades para realizar una labor asistencial digna en una región tan alejada. El equipo que trabaja hoy día tiene capacidad para que este hospital realice un trabajo digno y mantiene proyectos de crecimiento, en investigación y en servicios de salud. La Universidad Tecnológica Equinoccial (UTE) asumió este hospital como Hospital Docente para sus alumnos en el periodo de 2006-2011 y de nuevo ha manifestado interés por volver a convertirlo en una prolongación amazónica de sus tareas docentes. Existe, por otra parte, un proyecto avanzado de establecer en él mismo un Centro de Investigación para Patologías Tropicales. Como es fácil de comprender, todo esto me permite volver a recordar mis años de actividad clínico quirúrgica y de investigación y experimentar la satisfacción de una obra que permanece viva, sirviendo a una población que por su lejanía y aislamiento carece de los apoyos oficiales necesarios del Ecuador.

 

- ¿Recomendaría a los profesionales de la medicina que trabajasen en esta zona?, ¿por qué?

Trabajar en Nuevo Rocafuerte, a través del HFT, requiere una vocación especial. Se necesita amar la naturaleza y la vida sin demasiadas satisfacciones que ofrece nuestro mundo occidental. Pero es un lugar privilegiado para una medicina directa y globalizada, sin tantas trabas burocráticas y con la posibilidad de tratar los problemas de salud de una manera directa y con medios suficientes para abordarlos con eficacia. Creo que es una experiencia enriquecedora, en la que se experimenta la satisfacción de ayudar a gentes que carecen, por sus condiciones geográficas, de ayudas elementales de salud, ofreciéndoles una medicina digna y eficiente. Pero, al mismo tiempo, es el lugar adecuado para enriquecer la propia experiencia de vida humana, la oportunidad de ampliar la visión que ofrecen otras culturas y otros mundos; la posibilidad de saber que el mundo es mucho más amplio que el rincón en el que hemos nacido y vivimos en la actualidad.

 

- ¿Echa de menos la selva?, ¿volverá algún día?

Yo me encuentro en la actualidad en una etapa de mi vida en que lo que hice ya no lo podría hacer. Pero sigo muy ligado a ese rincón amazónico, a donde estoy acudiendo cada año por espacio de un mes desde hace ya media docena de años. Sigo con interés las vicisitudes que experimenta el hospital y sigo de cerca la vida de muchas personas, hombres y mujeres, a quienes traté en otras etapas de su vida, preguntando e informándome de cómo están en la actualidad. No es fácil olvidar lo que constituyó una parte esencial de mi vida, aunque, a decir verdad, vivo con paz esta etapa actual, que tiene también aspectos enriquecedores para mi experiencia humana y cristiana.

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Para finalizar esta experiencia charlamos con Guzmán Bernabéu, Médico y Misionero, director del Hospital Franklin Tello de Nuevo Rocafuerte (Ecuador).

Guzmán, durante la conferencia que impartió la semana pasada en UNED Tudela compartió con nosotros las innumerables vicisitudes que ha vivido a lo largo de todos estos años dirigiendo el Hospital Franklin Tello de Nuevo Rocafuerte, Ecuador. Hemos podido conocer de primera mano la dureza de las condiciones a las que se enfrentan diariamente. ¿Cuál ha sido para usted el reto más importante al que se ha enfrentado allá en la selva? ¿Qué es más duro: lidiar con la enfermedad, o con los políticos y las administraciones públicas para conseguir subvenciones y poder seguir adelante?

Jajaja. Seguro que todos los obstáculos administrativos forman parte de lo más ingrato de nuestro trabajo. Más con la administración pública que con las organizaciones no gubernamentales, mucho más comprensivas. Pero pagamos el precio por poder servir a la gente y nos lo tomamos deportivamente.

 

Conocemos la labor que desempeña la ONG Castildeterra pero, a la vista de sus necesidades, resulta a todas luces insuficiente. ¿Cuál es su mayor urgencia en este momento y qué podemos hacer nosotros desde aquí?

La financiación del gasto corriente del hospital es nuestro quebradero de cabeza y nuestros esfuerzos están dirigidos a asegurar la sostenibilidad del hospital. Por otra parte estamos buscando activamente colaboración formativa con diversas instituciones de salud y educación. Contamos con la UNED de Tudela como socio muy valioso.

 

Durante la conferencia ha manifestado que es necesario respetar las tradiciones indígenas, pero también prestigiar el trabajo médico entre la población. ¿Cómo consiguen transmitir poco a poco conocimientos relacionados con la salud y el bienestar para que estos vayan permeando progresivamente en la sociedad sin interferir en sus costumbres?

Lo nuestro es una oferta en las oportunidades que se presentan durante la enfermedad, dejando escoger en libertad. Y nuestras intervenciones de medicina preventiva y comunitaria están en la línea que marca el Ministerio de Salud ecuatoriano, en sintonía con la sociedad más occidentalizada. En el encuentro de modelos de vida se van imponiendo los más generales, no siempre los mejores. En la medida de que somos conscientes de lo bueno y lo malo de los modelos nos decantamos por lo que creemos que da vida con más calidad y valores.

 

¿Cree que existe un conocimiento ancestral que podría ser utilizado por la medicina de alguna forma? (me refiero a conocimientos botánicos, por ejemplo)

Sin duda que hay un amplio campo para observar y sacar partido. La riqueza de la experiencia de la gente no debería dejarse perder. 

 

¿Cuál es su próximo objetivo o sueño por cumplir en el Hospital?

Acabar la renovación de su infraestructura, lo que ya está cerca. Asegurar su sostenibilidad, para lo que estamos sembrando las bases y por ultimo suscitar gente joven entusiasmada con la atención médica en estas latitudes, para que le dé continuidad.

 

¿Con qué se queda después de todos estos años de experiencia allá?, ¿Algún día dejará la selva para regresar a la “civilización”?

 

Sentir que he recibido un enorme regalo de Dios, sin merecimiento alguno, por poder cuidar de la gente sencilla a la que atendemos desde el hospital.

Los regalos no se devuelven. Así que mientras me sea posible, continuaré.

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