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Campus UNED

“Para mí la moda es un producto de consumo”

28 de junio de 2006

Entrevista con el diseñador Lorenzo Caprile, que acudió a nuestro Centro para participar en el curso de verano “Moda y modos de comunicar”.

Madrileño, de 38 años, saltó a la actualidad por el vestido rojo que lució la princesa Doña Letizia en la boda del Príncipe Enrique de Dinamarca, y creó el vestido de boda de la Infanta Cristina en su enlace con Iñaki Urdangarín en 1997.

Desde el año 1993 dirige su propio taller en el Barrio de Salamanca de Madrid, especializado en trajes de ceremonia y moda nupcial. Fue galardonado con la “T” de Telva en 2004 como mejor diseñador español.

[¿Cuál es la situación actual de la moda en España?]

Creo que goza de muy buena salud. Contamos con tres grandes empresas que son envidiadas en todo el mundo: Pronovias, Zara y Mango.

Por otro lado, si como moda entendemos el fenómeno de los creadores, creo que España llegó un poco tarde a un fenómeno que se dio en los años 80 y 90 en Francia e Italia, y que en el resto del mundo ya está terminado.

En España se viste muy bien, gracias a las “marcas democráticas”, ya que ha sido un fenómeno muy español, junto a H & M en el norte de Europa.

[Siempre se ha hablado de la elegancia italiana o el vanguardismo londinense. ¿Tiene la moda española un estilo propio?]

Creo que ya no se puede hablar de estilos de ningún país. Lo que existe ahora son los estilos de las marcas, que son muy globales. Ya no podemos decir que Nueva York tiene un estilo, o París otro. Hay grandes familias, con el estilo Armani, el Yves Saint Laurent, por mencionar dos, o estilos más coloristas, más vanguardistas, más conservadores... Todos tendemos a vestirnos igual.

[La globalización también ha afectado al mundo de la moda...]

En los cambios sociales la moda es la primera afectada, ya que la gente es casi lo primero que hace, vestirse. El fenómeno de la globalización, que es exclusivo del mundo occidental, todo hay que decirlo, en lo primero que se ha reflejado es en la manera de vestir. Vas a los Ángeles, a París, a Nueva York o a Moscú y hay muy pocas diferencias en la forma de vestir, y eso hace 20 ó 30 años no era así, es un fenómeno muy reciente.

[¿Qué es la moda para Caprile?]

Para mí la moda es un producto de consumo. Si un sociólogo dentro de unos años dice que tal señor significó esto o aquello pues me parece bien, pero que nosotros mismos digamos que hacemos arte y cultura me parece muy pretencioso. Es un producto, y con toda la competencia que hay hacer un producto bueno, honesto y de calidad, y con una buena proporción precio-calidad y buen servicio no es fácil, y es algo que se infravalora. Lo importante en la moda es hacer bien tu trabajo.

Quizá una de mis características en estos años ha sido el, el tener un perfil lo más bajo posible. No me interesa meterme en espectáculos y follones de comunicación.

A mi lo que me gusta hacer es la prenda, algo que, a veces, parece lo menos importante de la cadena...

[¿Qué supusieron para ti los encargos de la Casa Real?]

Fue un impulso exclusivamente a nivel mediático, porque yo ya estaba asentado en Madrid, y tenía mi clientela y mi prestigio. A nivel económico no me influyó demasiado. Sí en detalles insignificantes, como por ejemplo ir a un restaurante lleno, decir quién eres y encontrar mesa.

A mi negocio del día a día no le influyó demasiado, porque mi taller es muy pequeño, y no tengo ninguna intención de crecer.

[¿Te molesta que te acompañe siempre la etiqueta de diseñador del traje rojo de Doña Letizia?]

En absoluto. Peor sería que te recordaran por alguna barbaridad. Que se me recuerde por una cosa bonita, como es esa, y en la que España dio una imagen estupenda, además, me parece estupendo. En realidad, a ese traje no se le había prestado ninguna atención en los medios. Fue a posteriori, cuando se vio.

[¿Sólo trabajas por encargo?]

Sí. He tenido dos experiencias fabulosas en el pret-a-porter nupcial trabajando para Pronovias y Rosa Clará, las dos empresas más importantes del mundo en trajes de novia, que me sirvieron, además, para reconfirmarme en mi posición de mantenerme pequeño, en mi taller. Es un mundo muy complicado.

[¿Y por qué te especializaste en trajes nupciales?]

Lo que realmente me gusta hacer la ropa a medida, el trabajo en el taller, lo que es el aspecto más artesanal de esta profesión, que muchas veces queda empequeñecido por el marketing y la publicidad. Y hoy por hoy el único traje que te encargan a medida y el único acontecimiento por el que una mujer está dispuesta a pasar el sufrimiento de las pruebas es el de las bodas. Todos los que nos dedicamos a hacer trajes a medida vivimos del mundo boda: la novia, la madrina... no sólo porque nos guste, que es mi caso, sino porque es lo único que ha quedado si te gusta hacer trajes a medida.

[¿Es fácil innovar en ese tipo de trajes?]

Sí. Tengo una clientela bastante conservadora, y mi estilo tampoco destaca por ser muy rupturista. Respeto muchísimo a los compañeros que entienden la moda en ese sentido, y es necesario que haya alguien que abra nuevos caminos, pero ese tipo de ejercicios no me interesan en absoluto.

[Siempre has sido bastante crítico con la ayuda institucional a los diseñadores...]

El problema es que en ningún país del mundo la moda se subvenciona por parte de los organismos oficiales como en España. Un diseñador debe preocuparse de su clientela, de su diseño, de sus patrones, y no de si en el gobierno esta el PSOE o el PP.

En el resto de países los desfiles los organizan las propias marcas, y sólo desfila el que tiene dinero para organizarlo, estamos en un mercado. Sí que en París hay una especie de Cámara Sindical de Alta Costura que cuanta con una pequeña ayuda del Ayuntamiento, y que echa una mano a los que están empezando, pero nada parecido a lo que ocurre en España.

En ese aspecto sí que estoy de acuerdo en que a la gente que está empezando se les debe ayudar, al menos, uno o dos años, para abrirles las puertas. Pero después ellos deben seguir con su propio negocio porque eso es lo que es la moda. Realizamos un producto que la gente sólo compra si le gusta. Que luego desde el marketing se quiera vender como una forma de arte y de cultura pues es una simple forma de adornar el producto. Pero cada cual debe buscar su mercado, sin ayudas externas.

[¿Es cerrado el mundo de la moda?]

Si te refieres a Gaudí y Cibeles, desde luego, pero para mí son una realidad pequeña que concierne a dos ciudades, que incluso se han visto enfrentadas. Eso no tiene nada que ver con la profesión de diseñador en sí. Las cosas son mucho más fáciles. Conozco mucha gente joven que está empezando y ha abierto sus propias tiendas en Chueca o Lavapiés, que están mostrando sus ideas con iniciativas muy interesantes. La realidad de Gaudí o Cibeles es muy pequeña. Simplemente tiene relevancia en los medios de comunicación.

[¿Cómo has llevado tu incursión en el mundo del cine?]

En realidad no ha supuesto ningún cambio. Cuando te gusta la ropa, que no es lo mismo que la moda, terminar dedicándote al vestuario es la opción más lógica. En el cine o el teatro tienes un objetivo muy concreto, que es construir el personaje y aplicar todas las significaciones que puede haber detrás de una prenda. Ahí sí que estás involucrado dentro de un proyecto artístico cultural.

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