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Los grandes desafíos de América Latina

3 de julio de 2023

Entrevistamos a Carlos Daniel Malamud Rikles, Catedrático de Historia de América de la UNED e Investigador Principal para América Latina del Real Instituto Elcano

América Latina atraviesa un momento de grandes dificultades y complicaciones, tanto social como económica y políticamente. La pandemia y posteriormente la invasión rusa de Ucrania han agravado una situación que ya era sumamente delicada, como mostraron las manifestaciones, algunas sumamente violentas, de finales de 2019. La coyuntura electoral, caracterizada por el voto de descontento con los oficialismos y una creciente desafección con la democracia, tampoco es ajena a la proliferación de populismos de signo muy diverso. Para responder acerca de las cuestiones más acuciantes que caracterizan la actual coyuntura latinoamericana hemos tenido la fortuna de contar con Carlos Malamud Rikles, Catedrático de Historia de la UNED e Investigador Principal para América Latina del Real Instituto Elcano, quien se ha desplazado personalmente hasta nuestro Centro Asociado para impartir el Curso de Verano "Los grandes desafíos de América Latina".

Ha titulado este curso "Los grandes desafíos de América Latina". ¿Cuál es para usted el mayor desafío al que se enfrenta esta zona del mundo?

El mayor desafío que afronta América Latina en este momento es ser capaz de lograr un cierto consenso social entre las élites (económicas, políticas y sociales), que permita llevar a cabo a los distintos países las reformas estructurales necesarias para salir del “impass” económico en el que se encuentran actualmente. Sin ello, sería totalmente imposible poder atender al resto de grandes desafíos como la seguridad, la lucha contra la corrupción, reducir la desigualdad y la pobreza... La dimensión nacional es importante, pero sería mucho más relevante si se lograse un cierto consenso regional que a la larga permitiera una mayor cohesión, aunque la actual fragmentación que existe en el continente lo hace complicado (por no decir utópico).

Uno de los factores que originan la desafección generalizada de la población ante la democracia es la corrupción política y la consiguiente inestabilidad del sistema. En algunos países ha habido varios intentos de modernización que, finalmente, han terminado resultando infructuosos. ¿Se trata de un problema cultural y sociológico de raíz?, ¿cree que sus habitantes están abocados a sufrir la sucesión de sistemas de gobierno ineficaces?, ¿qué sugiere para intentar revertir esta dinámica?

Lo primero que habría que poner en contexto es que las amenazas directas a la democracia liberal no es un fenómeno que acontece exclusivamente en América Latina, existen ejemplos en todo el mundo: En Europa vemos situaciones similares en Hungría y Polonia, además de un crecimiento de los partidos de extrema derecha. También lo vemos en países tan dispares como Estados Unidos o Filipinas. Si lo comparamos con lo que ocurre en otras zonas emergentes del mundo, América Latina tanto en lo que respecta al respeto de las normas democráticas como al de los derechos humanos, está muy por encima de otras áreas emergentes. Y si además quitamos de la ecuación a las tres dictaduras regionales (Cuba, Nicaragua y Venezuela), estas cifras de respeto a la democracia y los derechos humanos todavía son más relevantes. Considero que las amenazas a la democracia en América Latina son bastante coyunturales, tienen que ver con el ciclo económico y los cambios que se están produciendo a escala internacional. Si el ciclo y el contexto global cambial, es muy posible que regresemos a la situación anterior. Según el Latinbarómetro, el 67% de los latinoamericanos cree que la democracia, pese a sus dificultades, sigue siendo el principal sistema político. Además un 68%, pese a la polarización existente en buena parte de los países, si se tiene que autoidentificar lo hace como partidario político de centro. Estos dos datos manifiestan que la democracia en América Latina es importante para sus ciudadanos y que la realidad regional es mucho más resiliente que en otras partes del mundo.

Vivimos en un entorno europeo desde el que observamos las diferencias con América Latina desde la distancia, pero nuestro país comparte con ella grandes similitudes sociales y culturales. ¿Cuál es la situación actual de las relaciones existentes entre América Latina y la Unión Europea?

Nos encontramos en un contexto en el cual la potenciación de la relación birregional entre Europa y América Latina emerge como una realidad posible. Resulta frustrante observar que esto no es nuevo sino una cuestión cíclica, aunque esta vez parece que la posibilidad de reforzar la relación birregional entre la Unión Europea y América Latina coincide con la presidencia semestral española del Consejo de la UE. En las cuatro ocasiones anteriores (esta es la quinta presidencia española), América Latina también estuvo en el centro de la agenda pero cuando cambiaba la presidencia se volvía al punto de partida porque Europa tenía otras urgencias y prioridades. En esta ocasión las cosas son distintas: en primer lugar, por los efectos de la pandemia; y en segundo, por las consecuencias de la invasión rusa en Ucrania que, contra todo pronóstico, ha dado lugar a una Unión Europea más cohesionada que nunca y, paradójicamente, más aislada que nunca frente a lo que se ha denominado “El Sur Global”. Europa necesita reformular tanto las alianzas antiguas como las nuevas, y es aquí donde América Latina emerge con bastante fuerza y potencial. También la propia Comisión Europea está impulsando este reforzamiento de la relación con América Latina (recientemente la presidenta de la Comisión, Úrsula Von der Leyen, visitó cuatro países de la región: Argentina, Brasil, Chile y Mexico). Y también es importante señalar que muchos países europeos que hasta ahora han prescindido de las relaciones con la región latinoamericana, comienzan a establecer lazos y a mirar con renovado interés hacia esta zona del mundo. Por ejemplo, Lituania, un país báltico, tradicionalmente alejado de América Latina, está a punto de abrir su primera embajada en la región. A mediados de julio tendrá lugar en Bruselas la Cumbre UE-CELAC tras ocho años sin celebrarse, que va a suponer una oportunidad para afianzar las relaciones existentes. Ojalá tras esta cumbre se puedan crear los mecanismos que garanticen un progreso y estabilización de la relación birregional al margen de presidencias españolas.

¿Qué le depara a América Latina en el futuro? ¿Es optimista?

Existen muchas razones y lazos comunes (no necesariamente económicos) entre los propios países de la región que también comparten con el resto del mundo. Digamos que, aunque el contexto no da para pensar en demasiadas alegrías, soy moderadamente optimista al respecto.

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