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"En unas elecciones generales los ciudadanos votan de una manera distinta a unos comicios autonómicos o municipales porque ven que lo que realmente está en juego es de mayor importancia" 

2 de diciembre de 2015

Entrevistamos a Lourdes López Nieto e Irene Delgado Sotillos, Doctoras en Ciencias Políticas y Profesoras Titulares de Ciencia Política y de la Administración de la UNED, quienes han analizado los comicios del 20 de diciembre en la conferencia Elecciones generales 20-D: algunas claves a tener en cuenta

¿Qué opinan de la fecha de las elecciones, el día 20 de diciembre? ¿hay influencia política?

Lourdes López Nieto: En ningún país de Europa occidental se hacen elecciones en estas fechas. Lo normal es que se celebren en primavera o en otoño. Es evidente que el presidente del gobierno ha tomado esta opción por distintas razones, entre otras cosas por las presiones de la UE para tener aprobado el presupuesto, un condicionamiento externo sobre el gobierno muy importante. 

Y es que una gran parte de la normativa española está condicionada por las decisiones de la UE, por los tratados firmados, y también por las limitaciones que la propia UE ejerce sobre los presupuestos de los países miembros, los que están en el Euro sobre todo. Con independencia del partido que gobierne, al final, una parte del presupuesto está muy influenciada por ello y también por las propias condiciones de la población. En España ha subido el porcentaje del presupuesto que hay que destinar a pensiones. Ya somos unos 12 millones de habitantes los que tenemos más de 60 años. La capacidad de maniobra del futuro gobierno, sea cual sea, estará condicionada por el pago de las pensiones, el paro y la deuda. En los medios no se suele decir que la libertad de maniobra del gobierno se ejercerá sobre un 30-35% del presupuesto. Sería justo dejar claro esto en los debates. Y volviendo al tema de la fecha... esperemos que no nieve. 

¿Qué novedades destacarían con respecto a elecciones generales anteriores? 

Irene Delgado Sotillos: En primer lugar, tenemos más actores políticos con posibilidades de éxito real. Hay algunos "nuevos", entre comillas, porque ya se han presentado a otro tipo de elecciones, a nivel europeo, autonómico o regional, pero es la primera vez que concurren a unas generales. 

En segundo lugar, vivimos un clima general de descontento y desafección, de crítica muy clara de los ciudadanos a la clase política. Este descontento no es específico de España sino de casi todas las sociedades democráticas avanzadas. Pero en nuestro país se ha mezclado con variables de índole económica que han acrecentado la apatía respecto a los partidos políticos y que ha contribuido a la aparición de otro tipo de formatos de partido que se salen un poco de lo convencional pero que, si se analizan con detalle, no se alejan tanto de lo tradicional.

¿Creen que estamos en un escenario electoral inédito? 

L.L.N: No tanto. Desde el punto de vista académico, deberíamos mirar con detalle qué ha pasado desde el año 1977. Hemos tenido ya once procesos de elecciones legislativas nacionales, unos ciento cincuenta autonómicos y otros tantos municipales… Habría que tener un poco de memoria. Los partidos nuevos, al final, son escisiones de otros partidos. Salvo la ruptura de Convergencia i Unió, lo cierto es que las nuevas formaciones, como ocurrió con UPyD, son producto de personas que han estado en otras formaciones, de una u otra manera. Esto se ve mirando listas de candidatos. El personal político se mantiene. La dificultad de conformar partidos sólidos es una constante histórica en España desde el S. XIX. No olvidemos que siempre han ido bastantes formaciones en las elecciones. Lo que es paradójico es que también se mantengan elementos de campaña tradicionales del S.XIX.

Dejando de lado los datos de los sondeos, ¿qué podemos anticipar del comportamiento de los votantes indecisos?

L.L.N: Estamos en un contexto de comportamiento electoral caracterizado por la volatilidad, un indicador que, obviamente, venimos estudiando y que ha ido creciendo, al mismo tiempo que ha bajado el nivel de implicación de los ciudadanos en los partidos. Ha bajado la tasa de afiliación. Paradójicamente, la gente dice que quiere una democracia participativa y que quiere votar en las primarias. Luego hemos visto la participación real, por ejemplo, en el caso de Podemos, comparando los que estaban inscritos y los que finalmente votaron. La democracia participativa no puede sustituir a la democracia representativa, es obvio. 

I.D.S: Va a exisitir mucha volatilidad en el voto voto tanto dentro de los bloques ideológicos como entre bloques ideológicos. Es complicado identificar una orientación clara de los votos. En cualquier caso, las elecciones generales son las que despiertan un mayor interés. La participación suele ser también más alta que en otro tipo de elecciones, y el votante vota más con la cabeza que con el corazón. A nivel de análisis de comportamiento electoral, los ciudadanos votan de una manera distinta a como lo hacen en unas autonómicas o en unas municipales porque ven que lo que realmente está en juego es de mayor importancia. Este tipo de cuestiones también se tienen que analizar. No se van a reproducir los mismos patrones que hemos tenido en las elecciones autonómicas ni los de las municipales. Hay que poner el foco de atención en elecciones generales anteriores. En las de 2011 ya vimos como el número de partidos que consiguieron entrar en el Parlamento fue grande en comparación con otros momentos y la concentración de votos en el PP y PSOE se redujo con la entrada de otras fuerzas políticas. En estas elecciones el reparto de los electores va a estar más fragmentado porque hay mayor número de actores políticos que pueden tener posibilidades de éxito. Otra asunto es el calado de ese éxito, y eso sólo lo podremos ver esperando a los resultados.

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