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“Miguel Servet fue un personaje tan polémico como importante. (…) Nos encontramos con documentos oficiales que recogen que nació en Tudela y que se llamaba Miguel de Villanueva”

10 de febrero de 2017

Hablamos con Francisco Javier González Echeverría, Licenciado en Geografía e Historia por la UNED y autor de la tesis “Miguel Servet y los impresores lioneses del siglo XVI”.

Francisco Javier González Echeverría es Licenciado en Medicina y Cirugía por la Universidad de Zaragoza, y Doctor en Medicina y Cirugía por la Universidad de Salamanca; realizó su especialidad en Pediatría. Además, es Licenciado en Geografía e Historia por la UNED.

Se le han otorgado  tres premios  de convocatoria nacional en Medicina y ha realizado múltiples comunicaciones en el área de la medicina en general y en pediatría.

En 2011, en colaboración con el Gobierno de Navarra, publicó la obra El amor a la verdad. Vida y obra de Miguel Servet, que culminó una labor de dieciséis años de investigación sobre el teólogo y científico español. Al hilo de esos descubrimientos, y después de cuatro años, Francisco Javier defendió en Madrid, el pasado 12 de enero de 2017 en la EIDUNED (Escuela Internacional del Doctorado de la UNED), la tesis doctoral “Miguel Servet y los impresores lioneses del siglo XVI” dirigida por D. Carlos Martínez Shaw y codirigida por D. Luis Jesús Fernández Rodríguez.

“Esta investigación se remonta a hace más de 20 años en la localidad navarra de Sesma, con el hallazgo de un libro editado por el impresor lionés Thibault Payen y del que sospechamos que su autor pudiera ser Miguel Servet. Fue el primer contacto con un impresor lionés, cuando sabía muy poco de Miguel Servet, nada de un “Miguel de Villanueva”, y tampoco nada de los impresores lioneses: los Frellon, los Trechsel, Arnoullet, Guéroult etc., que tan importantes fueron en su obra”.

La tesis se centra en Miguel Servet fuera de España y su relación con los impresores: repasa todos esos impresores desde el primero en Basilea, los de Lyon y los demás impresores en Europa que imprimen sus obras.

En palabras de Francisco Javier, “pocas personalidades son tan interesantes y enigmáticas como Miguel Servet, de tal manera que después de más de quinientos años de su nacimiento, todavía seguimos investigando para completar detalles de su vida y obra”. Precisamente la primera parte del estudio intenta desentrañar dos aspectos fundamentales: el nacimiento de Miguel Servet y la salida de Miguel de España.

“Miguel Servet fue un personaje tan polémico como importante, y fundamento que nació en Tudela, sobre todo, por documentación francesa. Nos encontramos con documentos oficiales con la autorización del Rey, Enrique II de Francia, que recogen que nació en Tudela y que se llamaba Miguel de Villanueva. Además, están asociados con documentos universitarios que dicen que la última diócesis antes de irse de España a Francia, estaba en Zaragoza. No solamente aparece en la documentación de París, sino que también aparece en la de Viena del Delfinado.

Nos encontramos también que el apellido “de Villanueva” aparece en el Padrón de Judíos de 1510 de Tudela y los linajes son de judeoconversos. Todo esto unido a que él dominaba perfectamente el hebreo, nos lleva a la ciudad de Tudela como nacimiento, pero siempre unida también a su última ciudad, antes de irse de España, Zaragoza, según documentación francesa”.

Cuando Miguel salió de España no tenía ninguna relación con la familia, o por lo menos no se ha encontrado hasta ahora relación con Zaragoza ni tampoco con Tudela. Y ya en la primera carta que él escribió a un teólogo de la ciudad de Basilea hablaba de los impresores de Lyon, que le pedían los libros.

“En cuanto a por qué salió de España hacia 1527 a Tolosa de Francia, no se sabe a ciencia cierta; quizás para estudiar Derecho allí. Él era un personaje que decía lo que pensaba, nada político ni diplomático. Tuvo tres juicios (París en 1538, y Viena del Delfinado y Ginebra en 1553), dos de ellos con condenas a muerte. El propio Miguel afirmó que no regresó nunca a España.

Él conoció al primer impresor en Basilea, Conrad Resch, y los impresores hermanos Trechsel de Lyon aparecen prácticamente siempre unidos a ellos, ya que eran los cuñados de Resch.

Un hilo conductor muy importante en la tesis es que siempre aparece Erasmo de Rotterdam; y aparece ya desde la primera obra “herética”, cuando publica “Los errores de la Trinidad” en 1531.También cuando edita la siguiente obra “pública”, “La geografía de Ptolomeo” en 1535, y en casi todas las obras “secretas”. Se venía manteniendo que Miguel no hizo ninguna obra entre 1532 y 1535, y tampoco entre los años 1542 y 1553, el año de su muerte. Pero sí que se imprimieron obras durante esos períodos; lo sabemos porque hemos encontrado algunos documentos y contratos, así como por el uso del español para niños y adolescentes, con palabras y expresiones del valle del Ebro, de las ciudades documentadas de Miguel en España.

A esas últimas obras las llamamos “secretas”, porque él tuvo tres juicios y tuvo que ocultar su autoría. Sobre todo tras el juicio de París, en 1538, donde un estudiante español, como lo era Miguel, se enfrentó al Decano, a las Facultades de Medicina y de Teología, y al Rector; que finalmente le prohibieron las obras médicas, teológicas y de cualquier tipo, sin una revisión. A partir de ahí Miguel decidió prescindir de la autoría y solo editaba en secreto. Las obras de Servet se imprimirán sobre todo en Lyon, Amberes, Lovaina y París, pero también en Venecia; tanto los venecianos como los flamencos, e incluso los lioneses, siguieron imprimiendo sus obras tras su muerte con pequeños trucos y argucias”.

Uno de los aspectos fundamentales de la tesis es la razón por la cual Francisco Javier arguye que Miguel fue quemado. Independientemente de que fuera perseguido por la Inquisición francesa y la española, así como por los calvinistas. Calvino en el Juicio de Ginebra quería que se implicase a los impresores lioneses y a otros, pero Miguel asumió la autoría de todo sin delatar a los impresores.

“Creo que Calvino se encontró con un personaje intelectualmente mucho más potente que él y lo quiso eliminar por encima de todo: quería quitarse a un rival académico.

Miguel era un médico brillante; tanto, que cuando todavía estaba estudiando ya le editaban obras (“Explicación universal de los jarabes”). Hablaba perfectamente latín, griego, hebreo, francés y español. En sus obras “secretas” españolas, además de tener el dominio de traductor, se añadía un valor pedagógico para los niños por sus comentarios gramaticales. Trabajó diversos campos más, como fue el de la poesía (tanto en latín como en español, con versos de novenas y quintillas), el teológico y el bíblico, con numeración de versículos diferente de la de los impresores ginebrinos.

La vida de Servet tenía que haber cambiado, pero él fue de conflicto en conflicto; no se callaba ante los poderes universitarios, docentes, académicos o teológicos.

Él era muy tolerante, no quería ningún tipo de violencia y siempre intentó ocultar a los impresores; a todos ellos que se calificaban como “muchos”, según se refirió en el Juicio de Ginebra. Ante la persecución de la Inquisición francesa, él asumió toda la culpa en el Juicio de Ginebra y murió para que dejaran en paz a los impresores. Como así fue”.

A pesar de ello, los impresores continuaron imprimiendo sus obras. “A veces ponían secciones: una parte de Servet, otra de otro autor… O cambiaban los títulos o prefacios”.

La vida y obra de Miguel no se entendería sin los impresores lioneses. Alguno como Jean Frellon lo consideraba su “buen amigo y hermano”; y muchos de ellos fueron sus amigos que arriesgaron su vida por sus ideas.

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